¿Para quién están aconsejadas las camas articuladas?

Las camas articuladas eléctricas se han convertido en unos activos de la máxima importancia para mejorar la calidad de vida de las personas que padecen determinados problemas de salud. En especial, los relacionados con las dificultades de movilidad o la dependencia. 

Este texto va a abordar, sobre todo, el análisis relativo a qué personas han sido las más beneficiadas por la creciente popularidad de las camas articuladas, ya que cada vez están presentes en más instalaciones públicas y privadas e, incluso, en los hogares.

Vale la pena comenzar por los orígenes de este recurso indispensable para el tratamiento de determinados enfermos, el cual nació en el ámbito de las ayudas técnicas

El origen de estos equipamientos remite, básicamente, al concepto camas de hospital. A grandes rasgos, fueron los primeros recintos en los que el uso de camas articuladas se convirtió en natural.

Lógicamente, con el tiempo, las camas articuladas que se han ido implantando en estas instalaciones han sido las eléctricas, a medida que aumentó la sofisticación de estos recursos y los hospitales pudieron permitirse contar con ellas. Sin duda, las camas articuladas eléctricas aportan más comodidad y funcionalidad que las camillas y otros lechos de los hospitales. Por eso, no ha de extrañar que lo que hoy en día se conoce como cama de hospital coincida con la definición de una cama eléctrica articulada

A grandes rasgos, su uso ha permitido un importante progreso en el tratamiento de la convalecencia de muchos enfermos, ya que suele ser necesario el mantenimiento de determinadas partes del cuerpo en posiciones concretas. Tanto para cuidados específicos como durante periodos prolongados de tiempo.

Incluso, estas camas facilitan tareas que no están estrictamente relacionadas con el tratamiento médico en sí, tales como la comida, higiene o lectura. En general, también contribuyen a propiciar un descanso en condiciones óptimas

Las camas de hospital, por consiguiente, resultan propicias tanto para enfermos crónicos como para algunos eventuales y otros que se encuentran en procesos de recuperación. La sencillez de su utilización, además, favorece todos los trámites que se han comentado con anterioridad. Hay que tener en cuenta que estas camas cuentan con diferentes planos de articulación (entre dos y cinco), lo que permite que adopten distintas posiciones, las cuales se adaptan a las necesidades de los enfermos y enfermeros. 

Dichas camas disponen de un mecanismo de movimiento que se activa de manera sencilla. Un motor de baja tensión, el cual puede controlarse desde un mando a distancia, facilita su puesta en marcha. En líneas generales, la ergonomía y el confort al servicio del bienestar de los enfermos y profesionales sanitarios, como suele decirse, a un solo clic de distancia. 

Como los beneficios que aportaban a la salud de los convalecientes y capacidad de maniobra de quienes colaboraban en los tratamientos resultaban notables, las camas de hospital no tardaron en constituir unos recursos exportables a otras instalaciones en las que hubiera internos que las necesitaran. Ha sido el caso concreto, por ejemplo, de las residencias de personas de la tercera edad, lo que también ha propiciado el surgimiento del concepto camas geriátricas. Se trata de una denominación, grosso modo, homologable a camas de hospital. Con las peculiaridades asociadas a las necesidades del usuario en cuestión, se trata de camas articuladas eléctricas que disponen de las prestaciones explicitadas anteriormente. 

La residencia en los centros geriátricos implica la presencia continuada de personas que, por razones de edad o enfermedades, requieren tratamientos o reposos para los que estas camas resultan fundamentales. Además, estas instalaciones suelen contar con personal especializado en atender a personas que se encuentran en estas condiciones especiales, el cual agradece cómo las camas geriátricas facilitan su trabajo.

Por citar un ejemplo paradigmático de la importancia de las camas geriátricas, puede señalarse que sus planos de articulación favorecen una disminución de la presión sobre determinadas partes del cuerpo en las que se puede producir un desgaste, sobre todo, en los largos periodos de descanso, sobre todo si se combinan con el uso de colchones antiescaras. Se trata, sobre todo, de evitar las peligrosas úlceras por presión, tan asociadas a las personas de más avanzada edad. Asimismo, existen residencias geriátricas especializadas en el cuidado de personas que sufren discapacidades móviles (como la esclerosis múltiple) o cerebrales (por ejemplo, el alzhéimer) graves, en las que estos recursos resultan imprescindibles, y para los que existen en el mercado camas articuladas específicas para enfermos de alzheimer.

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En buena lógica, el siguiente paso en la implantación de las camas articuladas eléctricas en la vida normal de numerosas personas estribaba en su llegada a los domicilios particulares. Son las llamadas camas ergonómicas, por diferenciarlas del uso “hospitalario”. Resulta coherente no escatimar en la salud de los enfermos y calidad de la atención que reciban, por lo que la salida al mercado general de estos productos ha venido de la mano de una demanda que estaba asegurada de antemano.

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Hay personas que reciben tratamientos parecidos a los que se dispensan en los hospitales en su propia casa. Para llevar a cabo determinadas funciones o, simplemente, descansar a gusto, las camas articuladas eléctricas juegan un rol fundamental. Contar con estos equipamientos implica poder disfrutar de la máxima comodidad y seguridad en casa, lo que tendrá evidentes resultados positivos en materia de salud. 

Los cuidadores, tanto los profesionales como los familiares o amigos que ejercen esta función, verán, además, cómo sus faenas habituales resultan, en gran medida, aliviadas. Incluso, se empieza a dar el fenómeno relativo a las personas que no padecen problemas de salud graves, pero quieren disfrutar del confort que les ofrecen las camas articuladas eléctricas, las cuales contribuyen a la mejora de sus ratos de relax (ver la televisión, leer, comer en el lecho, etc.).

Por último, es posible resumir algunas de las indudables ventajas consustanciales al empleo de las camas articuladas:

  • Hay que tener en cuenta la consecución de una higiene postural correcta, lo que favorece un descanso óptimo.
  • Asimismo, se podrá reducir la presión en zonas del cuerpo que duelan o mantener elevadas o hacia bajo determinadas partes del cuerpo.
  • Estas posibilidades favorecerán una mejora de la circulación sanguínea y procesos tan relevantes como la respiración o digestión, lo que, en última instancia, tiene una influencia positiva en aspectos de salud general, como las constantes cardiovasculares.